viernes, 17 de septiembre de 2010

La expresión rota

. La expresión rota.

(de Campos de Discusión siglo XXI de Jes Ricart)

Ni las palabras pueden decirlo todo, tampoco pues todo el lujo de matices que hay en los silencios, ni los silencios pueden decir todo lo que las palabras intentan expresar. Las unos y los otros son recursos estilísticos de expresión sin olvidar que ambas se combinan constantemente. La misma construcción verbal sonora requiere de pausas que son ya micro silencios y determinan el carácter de la prosodia y el énfasis puesto en unos vocablos para ser realzados tras una suspensión de sonido por unos instantes.

El silencio significa literalmente no hablar, mientras que el decir(que es el hablar selecto) es un flujo prodigioso de enunciados, predicados y afirmaciones o negadores de tesis. A diferencia del decir por complejo que sea éste, el silencio deja para la incertidumbre multitud de hipótesis no aclaradas. El decir desencadena debates, ayuda mover ficha, permite los reposicionamientos y una recualificación de cada sujeto dentro de su correlacionario mundano. Si bien el silencio es la única salida ante la comunicación fracasada, no deja de ser una pose elegante cuando no se tiene nada que decir no porque no quede nada por decirlo sino porque no quedan argumentos para intentar hacerlo.

No todos los lenguajes o/y formas expresivas son contributivas de la comunicación, los hay que remueven las palabras y las literaturas como si fueran las palas de pastar que lo hacen con la harina. Su masa no es suficiente para que se convierta en pan. El fuego pasionario que le falta a la palabra para que sea seductiva e inflamatoria y mueva a las acciones es el que le falta a los hablantes para convertir lo que dicen, refieren y repiten en acciones de cambio. ¿Hasta dónde y para qué nos sirve el lenguaje del que nos valemos para comunicarnos y para crear entornos más claros y vivibles? ¿Hablamos para no sentirnos solos y generar simulacros de entente o porque expresamos nuevas ideas cada vez que abrirnos la boca o pulsamos el teclado? Para avanzar un poco en el decir hay que repetirse mucho en hablares previos. Tras miles de repeticiones de las mismas ideas para las que no falta el empleo de frases-cliché se puede sospechar de haber estado demorándonos en la literatura lo que las manos deberían hacer en forma de caricias, en forma de ánforas de barro o de actos no dispuestos a seguir haciendo otros actos no queridos y demostrados como incorrectos.

Las fórmulas verbales ortodoxas emitidas desde la modestia formal (yo pienso, yo creo, yo siento,…) son un tanto obsoletas, en todo caso superfluas. Se enmarcan en un estilo solicitante, como si andaran pidiendo permiso para ser dichas, Cada vez que un hablante subscribe un predicado ya se sobreentiende que lo piensa, lo cree o lo siente, no hace falta que ande perdiendo energía gráfica para repetir tales estándares. Lo que se espera de un/a hablante intelectivoa (polémico radical y aportativo) es que se constituya en fuente de enunciado, en referencia sólida, en alguien convencido de lo que dice y explica. Esa otra formulación un tanto humilde es indicativa de una debilidad argumentística. La ciencia pide axiomas y a la axiología te alejas o te acercas según la posición volitiva que se adopte con la investigación.

Las dificultades del lenguaje práctico y concreto, no solo el funcional sino también el conceptual (dentro de este el poético y el sentimental) es una manera eufemística de referir su fracaso. Los límites de la comunicación humana en cada uno de sus campos de tentativas (las distintas formas artísticas de expresiones: desde el cine a la danza, desde el susurro al gesto, desde el silencio al verso,…) cuando se fosilizan se constituyen en un verdadero fracaso. Es el momento de la retirada de las palabras para pasar a determinados gestos cuyo potencial implícito puede acertar en lo que se espera y necesita pero también puede ser equívoco dando lugar a interpretaciones distintas. Los distintos campos de comunicación buscan complementarse recíprocamente. Ni el lenguaje de las palabras lo dice todo ni la gestualística de los significados tampoco. Esa pérdida de potencial expresivo además de llevar a bloqueos entre comunicantes o pretendidos comunicantes lleva a una reflexión más grave, la de saber hasta qué punto el lenguaje influye en la creación del pensamiento y en la constitución del inconsciente ya que no es el único factor implicado en la formación de carácter y en el comportamiento reactivo ante las circunstancias y estímulos de la vida. El lenguaje verbal que es tan importante para la seducción, la empatía, la descripción y la sinergia; ese lenguaje que tanto valor se le hadado y da como instrumento crucial de la civilización y de la evolución de todo por las puestas de acuerdo en la acción que permite, también es un fondo de confusiones y de equívocos y un material para las barricadas intelectuales y los blindajes, hasta el punto en que por repetidas veces ante las situaciones de no comprensión o sabotaje de la comprensión con otros hablantes se decide que la relación no es posible y el habla no tiene el menor sentido. Cada vez que alguien se autodescarta para hablar con otro hablante quitándole el valor de tal lo que se resiente es el lenguaje mismo. Habrá que examinar de qué lado están las responsabilidades: si de la falta de unidades lingüísticas o de la falta de flexibilidad y de escucha. Por lo general el problema está en la indisposición no en el instrumento mismo que da muchas oportunidades y neologismos para intentar de maneras distintas antiguas explicaciones no entendidas.

La tara de la definición enciclopédica es que una misma palabra puede englobar realidades opuestas (una comunidad de propietarios de escalera o una comunidad de ex y contrapropietarios pretendiendo una forma de socialización de los recursos). Por lo que hace al término comunista (sociedad sin clases y sin estado, con igualdad, justicia y libertad implementadas) es una de las maneras de nombrar la utopía. Para manejar un debate dentro de las previsiones históricamente no tan remotas, es más justo referir el socialismo como etapa indispensable para aquello otro. El descrédito de una palabra y de otra ha llevado a utilizar un lenguaje definicional más extenso, a costa de repeticionismos, debiendo explicarlo cada vez que se revocabulariza.

Desde que hay historia referida hay referencias a grupos humanos (desde los clanes de cazadores y los de recolectores a los clubes futbolísticos o las peñas quinielísticas) con carácter comunitario. El hecho asociativo no predetermina para nada un proceso hacia el socialismo-comunismo, antes bien al contrario: la sociedad reacciona desfavorablemente ante los individuos que proponen las formas compartidas. La societariedad hace de hermano mayor a la individuación algo muy distinguible por cierto del individualismo estandarizado al que aquella promueve oponiéndose a la exquisitez del individuo creativo. Éste, en su tesitura, es una cantera de enunciados nuevos y de recreación de los espacios con nuevas variables; aquella, en la suya, es una maquinaria de repetición de las constantes. Una variable es un factor de innovación que aspira a su estabilización que indirectamente convoca a otras variables que la superen. Los referentes estáticos que por un lado son necesarios para un organigrama y una cuenta de rentabilidades (u objetivos sociales y políticos conseguidos y a conseguir) por otra parte tienen el peligro de convertirse en parámetros de sojuzgmiento de la totalidad social interpretando los deseos de la mayoría social supuesta. Una perspectiva de engrandecimiento de lo comunitario sería la del sistema social que activara las potencialidades individuales dentro de una filosofía de gran espectro en la que compartirlo todo desde una visión que hubiera sustituido el estrés de la apropiación particular por el gozo de la posesividad general.

De los juegos de roles queda mucho por hablar. De cada oficiante en su oficio habrá que decir al menos que las prerrogativas de la persona ocupando ese lugar se perdieron en parte por el camino. En la semántica cotidiana se ha terminado por confundir lo que se es con lo que se hace, esa suplantación de la persona por su rol hace un dañino trabajo de zapa que socava la estructura de la vida inteligente e involuntariamente niega una potencialidad creativa. Descubierta la dinámica de roles que interesa a la industria de la producción y de la reproducción la alternativa revolucionaria a ella no es/sería la de inventar roles más cualificados sino la de acabar con ellas, cuando menos la de intentar acabar con ellos sustituyendo el cargo vitalicio por el puesto de tránsito. La rotación en los papeles sería la fórmula aunque no hay una seguridad organizativa para ello. En la vida de intimidad y corta distancia se reproduce una dinámica de roles que con el incremento de la división de trabajo y las demandas de desarrollismo del sistema se acentuó. La recuperación de la persona integral pasa(ría) por su desguionización. Ya no sería emplazado a tener que casarse al llegar a una determinada edad, a elegir una profesión desde la visión expertócrata de la contribución social, a dividir su biografía en etapas ubicacionales determinadas por arraigos o a optar por una de las ideologías vigentes, tendría abierta la oportunidad de repensarse y de repensarlo todo priorizando la libertad creativa a todas las demás ocupaciones y preocupaciones, saliéndose del dictum hegemónico que le trazara su destino.

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